EL Último Café

Esta vez un cuento nuevo, producto de la mezcla cultural que experimenté en el año nuevo chino. Lo que surgió es este cuento con inspiraciones de Sufismo y de los cuentos de apariciónes del Japón. Ah! y Feliz año nuevo!

Dragón

Dragón

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El Último Café

El ocaso premiaba a la ciudad con un atardecer dorado por las nubes. El clima errático, hacía que la tarde de verano resultara fresca y agradable. El olor a la lluvia recien caida sobre el asfalto y el ozono característico de la tormenta electrica pronta a llegar, invitaban a pasar a uno de los miles de cafes que adornan el barrio de belgrano.

Mis pasos me llevaron por las calles oscurecidas un poco por la hora y otro poco por la tormenta que cada vez se aproximaba mas.

El café estaba sobre una calle de empedrado y sus ventanas enormes de tipo guillotina adornaba estaban abiertas de par en par al igual que la puerta. el aroma a café y medialunas invitaba a pasar. Adentro del café, antiguo y húmedo, se sentía el fresco de los antiguos caserones. Un ventilador de techo de chapa y descascarado cerraba el ambiente con un toque de anacronismo.

Café de Buenos Aires

Café de Buenos Aires

Los clientes al igual que el lugar eran también parecían de otro tiempo. No porque su aspecto los delatara, sino por su actitud. Leyendo los diarios gigantes como sábanas y bebiendo algunos café de pocillo, otros con la clásica taza de café con leche y sus respectivas 3 medialunas.

Tome una de las sabanas de uno de los pequeños muebles que estaban a un costado y me puse a leer. El efecto anacrónico se multiplicó nuevamente, el diario era viejo, las primeras páginas faltaban, pero estaba ligeramente amarillo en los bordes. Las Noticias eran las mismas que las de hoy, las mismas que siempre.

Leía mi diario, aburrido porque ni siquiera aportaba información de fiar, además el mozo no venía y el olor a factura recién hecha me hacia cosquillear el estómago. cansado comencé a escuchar a uno de los clientes. estaba detrás mío, haciendo cuentas en voz alta.

Mencionaba países y números de personas. 1500 en baghdad, 2300 en Japón. 4 o 5 en el salvador. Sin entender continué con mi diario monótono y aburrido. La primer noticia decía de un bombardeo en Bagdad, 5000 muertos, la siguiente, un tsunami en Japón se cobra 7000 muertos. La tercer noticia decía 7 muertos en El Salvador por un asesino serial.

Me di vuelta para preguntarle la fecha del diario que estaba leyendo mi compañero, para sacarme la duda y entablar tal vez una de esas famosas charlas de café que son ley en Buenos Aires. Para mi sorpresa, me encontré a un hombre sin diarios, bien vestido, su traje gris oscuro con finas rayas más claras destacaba un pañuelo rojo en el bolsillo del saco. La camisa era blanca lisa, con el primer botón desabrochado, sostenido por una corbata haciendo juego con el pañuelo que mostraba un uso bastante extendido. El conjunto en general no dejaba ver más que a un empleado de la city, que había tenido un día, un mes y un año bastante difícil. los puños estaban percudidos y los cuellos renegridos y gastados. Su cara era larga y con un aspecto cansado, aunque los ojos eran tiernos, la mirada era severa. En todo este tiempo que pase mirando, el extraño se percató de mi presencia y dejando el anotador en el que contabilizaba, y me miró con cierta impaciencia.

Descubierto en mi contemplación, rompí el silencio, y le dije que había escuchado accidentalmente lo que había dicho y que vi la relación con el diario que estaba leyendo y que no pude evitar preguntarme de qué fecha estaba hablando, solo para saciar un poco mi curiosidad.

Me miró con su mirada suavizada quien sabe por qué compasión. Y me dijo que en su línea de trabajo, lo único de lo que se lleva cuenta es de cuantos. Las fechas son intrascendentes. Le pregunté de qué trabajaba y, se pauso un segundo, casi como pidiéndole permiso al tiempo me contestó que él era la muerte.

Deje el miedo que me produjo de inmediato y me invadió la curiosidad. Mientras me presentaba me invitó a sentarme.

Al instante se acercó el mozo y me pregunto que quería tomar, le conteste que un café con leche y tres medialunas. Antes que pudiera continuar la conversación la taza caliente se encontraba frente a mí, el platillo arruinaba dos sobres de azúcar por estar lleno del líquido amarronado. Me preparé mi café y continúe con la conversación. Le decía a mi interlocutor, que los eventos coinciden con los indicados en mi diario pero cambiaban los numero. Como defendiéndose en seguida, contestó que no había error en sus números. La cantidad que se había llevado de cada lugar era exacta y no había posibilidad de errores. Honestamente le creí, la muerte tiene fama de no equivocarse, además de que no quise arriesgar a enfurecer a mi compañero.

Pero entonces le pregunté, que si él no había sido, entonces quien.

Haciendo una seña con la cabeza miró al otro extremo del salón. Una señorita, vestida bastante provocativa, muy a la moda. Un mini short y una remera de esas amplias saludaba desde atrás de un vaso alto de licuado de banana. Mi compañero saludó cortésmente y me respondió, el miedo se llevó al resto. Me quedé helado, solo atiné a pararme y huir. Mientras me retiraba el mozo me saludó, también me saludo la señorita de la otra punta, solo salí de ahí tan rápido como pude.

La noche me recibió con su frescura, la luna ausente, permitía el dominio de la oscuridad. Antes de que me diera cuenta la luz artificial de las avenidas me acobijó.

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Acerca de Ju

La mejor descripción que puedo dar esta alojada en mis cuentos, en las historias que salieron de mi y son el espejo de lo que soy, lo que quiero ser y lo que seré. Las Historias que me fundan y me fundaron. QUeres saber de mi, estoy en mis cuentos.
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