Café Defensa

Hoy, Historias de la calle

Café Defensa

La noche pone un manto de piedad sobre las almas cansadas despues del trajin de un dia de semana. En mi andar habitual salgo a recorrer las calles de la ciudad, no salgo a perderme en la ciudad, es la ciudad que se pierde en mi. Que me inunda de las historias que grita a todas voces y que rara vez hay quien las escuche. Mientras me adentro en san telmo, las calles se convierten en pasillos increibles. Donde se mezclan los locales que precen sacados de una canción de Gardel, Clubes de ajedrez, Cybercafes e incluso museos del asombro como los de principios de siglo. Asi a la altura de Cochabamba, la esquina me espera con el olor a la cerveza con manies sumergidos y la fritura de una milanesa a Caballo* el “Café Defensa”.

Café Defensa, En Defensa y Cochabamba

Café Defensa, En Defensa y Cochabamba

Las mesas, demasiado chicas para alojar comida, bebida y personas, se reparten con la única dosis de orden tal vez de toda la manzana. En el interín, mientras paso por la ventana, una señora le da alojamiento a una cerveza en una de las mesitas diminutas, no podría tomarla aunque lo intentara, sencillamente no hay espacio para mas que dejarla descansar. Mientras ve pasar el tiempo, alterna sus manos en calzarse el ridículo bombín colorado de ala ancha. Es intolerable a la vista, pero lo exhibe con descaro, casi orgullosa. El nivel del vaso no cambia, la mesa tampoco. Tampoco cambia el sombrero rojo con su rosa de tela ajada. El color del pelo sí cambia, mas o menos una vez por semana, aunque cambia porque nunca llega a cubrir las canas que descollan entre los mechones rojizos que se achican a cada día, hasta que llega el día de la peluquería. Las mechas erizadas casi electrocutadas al rededor de las orejas terminan de ridiculizar el conjunto.

Algo mas llama la atención, tal vez mas que el esperpento que muestra, y es su mirada. Extrañamente no mira a través de la ventana, que es lo que se estila en los cafés porteños. Su mirada elasticamente vuelve siempre al interior del café. Esto es particularmente extraño porque en una ciudad tan atestada como buenos aires siempre se buscan los espacios mas abiertos posibles. Por eso los primeros asientos que se ocupan en un colectivo son los de la ventana, los primeros departamentos que se venden y/o se alquilan son los que tienen balcón y la gente camina por el medio de la vereda, tratando de evitar que cualquiera lo moleste a uno a izquierda o a derecha con su presencia.

Pero como decía, no era este el caso. Mi siguiente conjetura era que miraba a la puerta, porque tal vez esperaba a alguien tan loco como ella que la acompañe, pero no era así. Tampoco miraba el partido de futbol que se trasmitía desde el led, que contrastaba como a destiempo en el bar de la decada del 50. Ninguna de estas opcionse, la mirada volvía siempre a un taburete tapizado con cuerina rajada por el tiempo y el sol, que estaba trabada en un caño de bronce que alguna vez sirvió de apoyapies, y que hoy no es mas que un pintoresquismo.

La cara de poquer, espera algo. La llegada de algo que debería estar ahí. No es una persona, no. Lo que falta ahí es un recuerdo. El rencor del vació apenas se refleja en la cara de esta señora y solo puede verse claramente la rutina, la espera de ese recuerdo. La certeza de que algo importante había pasado en ese taburete, en ese bar en esa esquina, ¿pero qué?

La señora mantiene la rutina, cada día, pero sin la esperanza de otras similares a ella. No hay esperanzas de que aparezca un principe azul, solo el masoquismo de que reviva el recuerdo y el autocastigo de la repetición.

Entre el llanto de los dinteles filigranados, una magia confunde tanto al espectador como al protagonista. Algo he olvidado, que ya nunca volverá. Solo que yo no lo persigo con rutinas sino con obsesiones y elucubraciones.

Tal ves sea ella la que tiene la razón…

(*) con papafritas y huevo frito.

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Acerca de Ju

La mejor descripción que puedo dar esta alojada en mis cuentos, en las historias que salieron de mi y son el espejo de lo que soy, lo que quiero ser y lo que seré. Las Historias que me fundan y me fundaron. QUeres saber de mi, estoy en mis cuentos.
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Una respuesta a Café Defensa

  1. Grapowsky dijo:

    Para ilustrar un poco mas las bondades del café defensa:

    http://antigourmet.com.ar/cafe-bar-defensa/

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